
Cerezas es una historia de amor principiada en la adolescencia, entre dos personas del mismo sexo. Una antigua mansión recién restaurada al sur del Estado de California, en medio de un paisaje casi desértico junto a la frontera con México, es el escenario de toda la acción. La obra comienza con la remembranza del amante (Guillermo), muerto en un desgraciado accidente durante el servicio militar en España, 27 años atrás. Pero esta vez resulta ser, para sorpresa de Fernando, no el insistente producto de su fantasía, sino el regreso real del ser amado desde el más allá.
La obra, que compatibiliza una desembarazada sensualidad -un clímax erótico y tórrido de deseos emergentes y frases pérfidas-con la infantil fe ciega en el mundo de la fantasía, no está carente de humor y ternura.
Suspicaces sobre las leyes del Universo y el devenir espiritual en el más allá que pudiera condicionar su ansiada reunión eterna, ambos personajes se verán arrastrados a especulaciones metafísicas, a veces divertidas, a veces inquietantes.
Como el propio autor sugiere, esta novela permite con toda ilación, una sencilla y agradecida adaptación al teatro y al cine.
Por encima de todo, Cerezas es, sin complejos, un puro y crudo canto al amor.